En palabras de su director, Robert Eggers, que estuvo más de cuatro años documentándose sobre los juicios contra la brujería que tuvieron lugar en Nueva Inglaterra, la película podría calificarse como “realista”, dado que muestra en pantalla lo que los colonos tomaban como real: las posesiones demoniacas y la existencia misma del demonio. Al contrario de lo que ocurre en muchas obras actuales, que toman el pasado como un mero paisaje donde representar dramas postmodernos, La bruja pone todo su empeño en trascender nuestra forma de analizar la realidad: la verdad deja de ser comprensible y la justicia es algo que depende de un Dios lejano e intransigente, asexuado y, al mismo tiempo, masculino. Hemos retrocedido de golpe 400 años.
En extraño equilibrio con La bruja, en la misma edición del festival se proyectó una obra desconocida de animación japonesa que también debía su inspiración a la brujería. Belladona of Sadness es un ánime de culto para adultos dirigido por Eiichi Yamamoto y estrenado en 1973. La película toma las formas estéticas de los años setenta, los escarceos con las drogas, la psicodelia y el art noveau para construir su imaginería erótica de connotaciones mágicas. Ambientada en una simbólica edad media (mediada además a través de una mentalidad nipona), Belladona of Sadness se centra en el viaje iniciático de Jeanne que, tras ser ultrajada por un señor feudal, hace un pacto con el Diablo para obtener habilidades mágicas. De esta forma es como Yamamoto convierte el pacto demoniaco en un camino de liberación sexual y política, en sintonía con las convicciones de la época en la que fue hecha la película. Mezclar magia y cultura pop no es nada nuevo. Belladona of Sadness comulga con el espíritu ocultista del rock de los años setenta evidente en grupos como Led Zeppelin, Black Sabbath e incluso Rolling Stones. Según cuenta Peter Berbergal en su libro Season of the Witch: How the Occult Saved Rock and Roll, la adopción de tradiciones ocultistas por parte de la música popular va más allá de razones estéticas, “las ideas ocultistas y místicas le dieron al rock and roll corazón y propósito, e hicieron del rock algo más que una música machacona, una revolución cultural de liberación política, espiritual, sexual y social”. El ocultismo, las artes mágicas y la brujería ayudaron al rock a construir un sistema de creencias equiparable a una religión.
