La vuelta a los orígenes
Conocida también como la vuelta a la pureza de los orígenes. En muchas culturas el mito de la creación nos habla de un mundo limpio de pecado original y habitado por seres puros en contacto con sus dioses y la naturaleza. Es el caso del paraíso terrenal de la Biblia, o de los sucesivos ritos de creación de la mitología hindú, en los que el mundo es creado como ente perfecto y se va corrompiendo con el tiempo. Según esta forma de ver las cosas, habitamos un mundo corrupto y anhelamos la pureza de los orígenes. A este mito se refieren todas las creencias que vinculan lo natural a lo bueno y lo artificial a lo malo; de esta convicción proviene también el mito del buen salvaje, entendida como ser humano aun no estropeado por la civilización, e incluso la mitificación de la infancia como un periodo aún no manchado por la edad adulta.
Un poco más allá, nos será fácil rastrear este mito en el pavor hacia los productos químicos y los transgénicos, o el éxito de la agricultura ecológica, entendida como natural y buena. En un curioso rizo narrativo, esta obsesión por la pureza podría estar detrás también de las dietas destinadas a purificar el cuerpo de los excesos, cual penitencia capaz de restituirnos nuestra pureza original. Se trata de las dietas detox, la dieta limpia o bien prácticas como la limpieza de colon, como si la limpieza pudiera tener algún sentido en relación con los intestinos. Queremos volver a un pasado mítico en el que no estábamos embrutecidos por necesidades animales, como la comida (y todo lo que representa ingerir alimentos) o el sexo. Queremos volver a ser ángeles y comer frutas de colores cultivadas en hermosos jardines; y sobretodo, queremos dejar de ser animales sudorosos y con fecha de caducidad.
La enfermedad como castigo a una conducta inapropiada
Hay muchas corrientes terapéuticas alternativas que afirman que la enfermedad surge de una experiencia traumática mal asimilada. Es el caso de la llamada nueva medicina germánica, desarrollada por el doctor Hammer. Esta nueva medicina cree que la enfermedad, y en concreto el cáncer, es un aviso de nuestra psique que podemos revertir si entendemos el mensaje. Es decir, y volviendo al mito, un castigo divino susceptible de perdón si encontramos al sacerdote adecuado.
La nueva medicina germánica ha alumbrado otras terapias que aún ahondan más en la idea del castigo. En el caso de la Bioneuroemoción, por ejemplo, el cáncer es una respuesta del cuerpo a una amenaza, normalmente simbólica. De este modo, un cáncer de estómago es la respuesta a la incapacidad de una persona para asimilar ciertas situaciones. En estos casos, la creencia va más allá de la narrativa del cuento y se vuelve simbólica, como sucede con el psicoanálisis o las mancias que adivinan el futuro en las entrañas de los animales. La curación, por tanto, se parecerá más a un análisis de texto, en el que tenemos que desentrañar símbolos y metáforas. Una vez entendido el mensaje, la enfermedad desaparece. Una vez asimilado el castigo, somos perdonados. Como construcciones literarias que son, todas estas terapias emplean diversas figuras retóricas para construir su discurso: desde el abuso de historias personales muy subjetivas hasta la figura del doctor-héroe poseedor de una sabiduría ancestral que, empleando otro meme de internet, «la medicina oficial no quiere que sepas». Y esto nos lleva al siguiente mito.
