Twin Peaks zarandeó la dramaturgia televisiva tal y como la conocemos dotando de carácter fílmico al formato a través de una resolución de misterios que se alimenta del surrealismo; el retrato de Kafka aparecería en el despacho del personaje Gordon Cole, interpretado por el propio Lynch. El agente Cooper, personaje emblemático de la serie, expresaría el motto de la obra, y en realidad de David, en una frase: «No tengo ni idea de adónde nos llevará esto, pero siento que será un sitio tan maravilloso como extraño».
Una primera temporada magnífica da paso a una segunda en la que el director se distancia de los intereses comerciales de los productores, de quienes desconfía tras su fracaso con Dune; querían descubrir al asesino de Laura Palmer. Los episodios de la segunda temporada se colman de tics, repeticiones, red herrings; es admirable cómo vuelve a su narración desintegrada y se reconstruye, para luego regalarnos un episodio final que merece su inclusión en una lista de los mejores episodios televisivos de la historia: la entrada en la Logia Negra, los gritos de Laura, el doppelganger. Ya no es Quién mató a Laura Palmer sino Qué pasa en 'Twin Peaks'. Fire walk with me es la película posterior que explica algunos de los misterios de la serie; denostada en su tiempo, es fundamental para entender a Laura. Queda la promesa: «Agente Cooper, nos volveremos a ver dentro de 25 años» —dice Sheryl Lee en 1991.