Apuntes bajo el árbol simbólico

Lluís Rueda

Publicado el 23 de noviembre de 2017; caduca en -2290 días

Generalmente no somos conscientes del sentido que esconden muchos de nuestros comportamientos rituales, tanto en lo individual como en lo colectivo, y es que el conductismo al que nos abocan las tradiciones suele estar alejado de los orígenes y de los principios, del sentido exacto de la celebración, para ataviarse las más de las veces con los oropeles del consumismo y los neones hipnóticos de la civilización. Si nos fijamos en la Navidad, se hace difícil en nuestros días entender qué puede ocultar de oscuro e incluso atemorizador este festejo más allá del sentido de aversión al kitsch que uno pueda padecer ante semejante explosión de pompa y felicidad.

Pero el propósito de este libro es indagar en ese origen telúrico, ancestral, impío, ominoso, primigenio, en síntesis, pagano, desde diferentes ángulos, acervos culturales o religiosos, y desde luego a lo largo de los siglos y en el seno de diferentes culturas; los cultos sumerios, las sociedades del norte de Europa, la antigua Grecia, la roma precristiana de las Saturnales, la eclosión del protestantismo y su férrea moral desde el Viejo al Nuevo Mundo y más allá del punto de inflexión del cristianismo y sus secuelas, hasta nuestros días de sobreexcitación cultural compulsiva.

El origen de estos fastos maquillados con gran ingenio y colorido, la Navidad moderna, en mi opinión se deben a dos momentos claves: la transformación de los códigos y los contenidos de los mitos y leyendas conformados en la fe que aprehendió el cristianismo (más como una apropiación hábil y sibilina que como una imposición de valores) y mucho más adelante, ya en el siglo XIX, la popularización y normalización con los estándares que conocemos, en gran medida gracias a la aportación, la anticipación mediante la ficción y la eclosión de la literatura como consumo de masas que perpetró el escritor inglés Charles Dickens con su ingenio,el autor de la piedra angular de estas fiestas tan entrañables, el libro Cuento de Navidad.

Pero esto y mucho más lo veremos en el viaje apasionante que nos propone este libro singular y revelador, por mi parte solo quería incidir en este prólogo en una parcela muy concreta: el trato que el cine ha dado a esta temática incierta y hermética con algunos ejemplos que nos sirvan de punto de partida iconográfico, de elemento de inflexión para desmitificar a san Nicolás y sus renos mágicos y nos sitúen en la cara oculta del árbol de Navidad. Me sitúo pues bajo ese árbol simbólico y pongo en marcha el proyector de lo pesadillesco y amedrentador.

Es difícil enfocar de manera atinada el espíritu evocador y brumoso que esta obra desea trasmitir, y créanme que me gustaría hablar de un título que concentrase esa esencia pagana relacionada con la Navidad, creo que ese título perfecto existe, pero antes de abordarlo permítanme unos apuntes. Para muchas generaciones, es inevitable relacionar la Navidad con el universo del realizador de Burbank, Tim Burton. En gran parte de su filmografía, la Navidad está presente como telón de fondo disfuncional. Navidades californianas mutadas en bucólicas estampas tirolesas, unacircunstancia que el cine norteamericano importó de los cineastaseuropeos huidos de la Europa del nazismo. Burton refinó esa tendenciaen filmes como Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), incluso en Batman vuelve (Batman Returns, 1992), la Navidad es el decorado extravagante y sus villanos modernos mutan a criaturas ancestrales de origen pagano e inaudito. En la obra maestra de la película de animación producida por Burton, Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993), de Henry Selick, Jack Skeletor no es más que una variación macabra, y con trazos que homenajean a los dibujos de Edward Gorey, de la figura de Jack Frost (Padre Invierno), una criatura élfica legendaria propia del folclore del Norte de Europa. Y hablando de Edwad Gorey cabe citar un libro ilustrado capital para entender, no ya la imaginería burtoniana, sino también una iconografia moderna que ha calado de manera casi natural en los prelados estéticos de la dark wave y la cultura pop convirtiendo el estilo de vida de muchos jóvenes en un equilibrio que oscila entre lo victoriano o eduardiano, y lo más puramente expresionista: moda, música, cine, videojuegos, cómic, etc... En ese sentido, es capital el libro The Twelve Terrors of Christmas, de Edward Gorey y John Updike, una delicia ilustrada que atrapa por su condición desdichada y tenebrosa, desenfadada y sarcástica. En la pluralidad interpretativa de la Navidad oscura y ancestral, el cine de las últimas décadas ha arrojado luces como el filme de animación Polar Express (2004), de Robert Zemeckis, basado en el libro infantil de mismo título, ilustrado y escrito por Chris Van Allsburg en 1985. Un filme que se acerca a la figura de Santa Claus y a su mundo a través de un viaje iniciático e interesante que remite a Alicia a través del Espejo de Lewis Caroll. Otra aportación gamberra y desmedida, pero original, la hallamos en Rare Exports. Un cuento gamberro de Navidad (Rare Exports, 2010), de Jalmari Helander, en la que unos científicos se encuentran en el Norte de Finlandia investigando extraños sucesos que guardan relación con la existencia de una misteriosa criatura. Siguiendo sus pasos, el pequeño Pietari (Onni Tommila) descubrirá la verdad oculta tras el rostro de Santa Claus... Y en paralelo a estas piezas un sinfín de películas de serie B, slashers, comedias negras o thrillers macabros que asumen el espíritu de la mítica cinta Navidades negras (Black Christmas, 1980), de Bob Clark, subproductos como Christmas Evil (Lewis Jackson, 1980), Silent Night, Deadly Night (Charles Sellier, 1984), Santas’s Slay (David Steiman, 2005), Jack Frost: Terror en la nieve (Jack Frost, Michael Cooney, 1997), Sint (Dick Maas, 2010), Treevenge (Rob Cotterill, 2008) y la más reciente Krampus. Maldita Navidad (Krampus, Michael Dougherty), de gran imaginería en el reciclaje de las criaturas de la navidad pagana propia de Europa, pero formularia hasta decir basta, o la prescindible cinta británica The Ritual (David Bruckner, 2017), más acertada en la exposición de sus apuntes mitológicos que en su pobre formulación de relato survival con redención del pasado por parte de su protagonista.

Filmes oportunistas que andan muy lejos de la calidad de propuestas míticas del terror navideño como Gremlins (1984) de Joe Dante, mucho más que un simpático filme con «monstruitos», una fábula brutal y sarcástica que deriva en una certera crítica al consumismo navideño.Pero no son muchas las cintas que ajusten su mirada con atino de manera que pueda reflejarse la intención de este prólogo, de ahí que en el apartado cinematográfico me permita estos apuntes e incida en la idea de que lejos del Hollywood, que es una máquina de golosinas navideña para niños ufanos (aunque en algunos casos se precise una tesitura macabra), la esencia de la navidad pagana, del paganismo en síntesis como origen de un imaginario y unas criaturas propias del viejo continente y sus festejos mágicos se da en algunos filmes incontestables como El manantial de la doncella (Jungfrukällan, Ingmar Bergman, 1960), basada en la balada medieval La hija de Töre de Vänge, un canto de los frailes mendicantes para la construcción de iglesias de piedra en la Escandinavia del siglo XIV. En ella se da una «efectiva tensión histórica entre cristianismo y paganismo, dualidad vertebral de la estructura fílmica en la eterna batalla entre el Bien y el Mal, que parece ganar Jesucristo al nórdico Odín con el artificioso milagro que da nombre al filme». Y estamos en el territorio de lo que algunos denominan cine de arte y ensayo, cine sin más, y en ese espíritu bermangiano, pero también destilando trazos claroscuros del cine de Dreyer, encontramos la película paradigmática de este, el oscuro tema quenos ocupa, la Navidad como celebración pagana remota y cuyas raíces van más allá del calendario cristiano y se entrelazan con lo brujeril, lo legendario, lo antropológico y lo ignoto. Un título febril y visceral, descubierto en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges de 2017, que atiende al título inquietante de Hagazussa (Hagazussa: A Heathen’s Curse, 2017), de Lukas Feigelfeld. Esta soberbia cinta alemana con dirección de fotografía de Mariel Baqueiro arranca una víspera de Navidad con una pequeña y su madre regresando a su cabaña en las montañas tras una jornada de recolección de leña. Una extraña presencia las acecha entre los árboles y se refieren a ella como la Pertcha. En el glosario de bestias y personajes de este libro, tratamos con síntesis esta figura monstruosa, pareja a la de una bruja en este filme, que se origina a través de la figura de la mujer liberada de toda moral cristiana y abocadaa un conocimiento ancestral. La cinta justamente nos expone en cuatro actos sublimes la transformación de esa niña que hinca sus pasos en la nieve de las montañas en un ser mitológico innombrable, pasando por todos los tránsitos instintivos y adquiriendo el conocimiento y las costumbres remotas de la bruja pagana casi de una forma natural e irreversible. Una joya telúrica y alucinógena con pasajes aterradores, pero también un relato costumbrista, de atmósfera envolvente, que supura paganismo en cada fotograma a través de elegantes encuadres que oscilan entre la paleta arrebatada de Caspar David Fiedrich y el barroco lleno de sortilegios y sombras de Caravaggio. Este libro, pues, arranca con la Pertchacinematográfica y prácticamente acaba con ese ser mitológico y otros tantos igualmente aberrantes que acechan en las postrimerías del año para ajustar cuentas y enunciar el solsticio de invierno. En medio, en la sustancia, Navidades Paganas. Raíces y sombras de una liturgia intentará desentramar el oscuro origen de estas fiestas que no siempre fueron amables. El equipo que da cuerpo a este ensayo rotundo y único, Alberto Ávila Salazar, Jorge Cano Cuenca, Biel Figueras, Andrea Roche, Marta Torres y Francisco J. Pérez, os va a sorprender por sus pesquisas y una interpretación de la magia y sus tinieblas siempre alternativa y lúcida. Tened cuidado de la capacidad de seducción de las criaturas paganas, de sus símbolos fascinantes y de las inclemencias del invierno que amenaza la comodidad de los hogares. Comenzad pues la lectura y buscad un buen fuego en el que exorcizar lo que atrás dejamos.

La Navidad como celebración pagana remota y cuyas raíces van más allá del calendario cristiano y se entrelazan con lo brujeril, lo legendario, lo antropológico y lo ignotoTwitealo!

Libro recomendado:

Navidades paganas. Raíces y sombras de una liturgia

Vamos a emprender un largo trayecto de siglos que nos llevará de la fiesta comunitaria y excesiva de la Antigüedad al ideal familiar e íntimo que nos mostró Dickens en "Cuento de Navidad". Veremos cómo cambia el concepto mismo de festejo desde las fiestas en las que se intercambiaban los roles (entre géneros y estamentos sociales), que perduraron desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media, y que se caracterizaban por los excesos de todo tipo; hasta las fiestas actuales, basadas en la celebración hogareña y el consumo masivo; y acabaremos por explorar el concepto de la anti-Navidad, un cliché más que ya forma parte del espíritu navideño. En definitiva, veremos como las Navidades rojas y carnales se convirtieron en las Navidades blancas actuales. Espero que disfruten del viaje.

Lluís Rueda

Escritor. Guionista. Analista cinematográfico. Director de Editorial Hermenaute.