publicado el 4 de noviembre de 2007
En principio, la edición de 2007 del Festival Internacional de Cinema de Catalunya se presentaba como una de las más atractivas de los últimos años. La conmemoración del 40.ª aniversario, la promesa de ampliación de salas anunciada por la dirección el año anterior, la apuesta por una programación más adscrita al género fantástico y de terror que otros años y la presencia de una ingente lista de directores debutantes eran, a priori, los puntos más estimables del certamen de este año. Y como siempre pasa en este tipo de eventos, algunos de estos aspectos se materializaron en éxito y otros naufragaron en el más rotundo fracaso.
En el capítulo de los aciertos, habría que señalar la programación de este año. Si bien, ha faltado algún título mayúsculo de consenso y ha habido cierta sensación de desencanto en diversos medios de comunicación, lo cierto es que el nivel medio de las secciones a competición ha sido bastante notable. Se han visto pocas mediocridades y bastantes títulos de interés, la mayor parte de ellos firmados por autores debutantes, lo que permite augurar un rico futuro al género fantastique en los próximos años. Además, la edición de este año ha contado con una selección de retrospectivas sensacional donde ha brillado la dedicada a clásicos poco referenciados del cine de terror estadounidense como El otro de Robert Mulligan, Pesadilla diabólica y Sombras en la oscuridad de Dan Curtis o Deathdream de Bob Clark. Como complemento, se editaron una serie de libros excelentes dedicados al cine de horror americano de la década de 1970 y al tratamiento de la figura del diablo a lo largo de la historia del arte. Dos obras corales muy recomendables que, desde luego, han pretendido convertirse en referencias absolutas dentro de la bibliografía en español sobre estos temas.
Por el contrario, en el apartado de los fracasos habría que señalar la ausencia de eventos conmemorativos del 40.º aniversario del festival, más allá de la edición de un insuficiente y decepcionante libro. Un certamen de la categoría de Sitges merecía una celebración más fastuosa y que contemplara actos, ciclos y ponencias de mayor relevancia. Además, otro de los puntos más débiles de la edición de este año fue la ampliación de salas que se limitó a la abertura de una de las salas de actos del Hotel Melià, habilitada para la ocasión con un equipo de proyección que no respondió a las expectativas generadas. Por último, mencionar las limitaciones que a veces provoca el mal funcionamiento del departamento de prensa que, un año más, acaba desbordado por el ajetreo del certamen y, en ocasiones, dificulta en exceso la labor del crítico desplazado.
A continuación, encontrarán en las páginas de este número un completo especial de la edición de este año en el que se incluyen en diversos apartados las opiniones de los redactores de Judex, las reseñas de los filmes más destacados, las entrevistas a algunos de los invitados del festival y un álbum de las fotos más representativas del certamen. Esperamos que sea de vuestro agrado.
Mater Lacrimarum
A l’intérieur (Julien Maury y Alexandre Bustillo, 2007)
Oficial Fantàstic
La razón última de un festival de las características de Sitges debe ser mostrar la complejidad del género fantástico actual y confeccionar un programa lo suficientemente heterogéneo y valiente como para facilitar al espectador la posibilidad de conocer los títulos que serán referencia absoluta en la evolución futura del fantastique. Pues bien, si me tuviera que quedar con sólo dos obras de las programadas en el festival que respondieran a este requisito, sin duda me tendría que quedar con REC y A l’intérieur, las dos mejores películas del certamen de este año que además encarnan a la perfección dos constantes temáticas y formales del cine de terror reciente: el hiperrealismo formal y la introspección tenebrosa. Así, si REC es el título definitivo de cierta corriente que pretende reflexionar sobre los límites de la representación del horror desde una perspectiva externa y plena de innovación visual (que incluiría títulos como El proyecto de la bruja de Blair, The Last Horror Picture o Diary of the Dead, entre otros), A l’intérieur es una de las obras cumbre de la tendencia actual que busca explorar los abismos de la psique humana a partir de la adopción de un exacerbado tono paroxístico no exento de elegancia visual (como podemos encontrar en obras como Calvaire, Alta tensión o Irreversible, todas ellas obras francófonas, un detalle que no debería pasar desapercibido).
Debut en el largometraje de los realizadores galos Julien Maury y Alexandre Bustillo, A l’intérieur es un filme brutal y excepcional que brilla por tres razones fundamentales: su inquietante visión de la maternidad como generadora de los más terribles instintos humanos, su poderosa puesta en escena y su apuesta por no centrarse sólo en la sordidez propia de un slasher sino además acompañarla de numerosos detalles visuales que invitan a ver el resultado final del filme con otra mirada más escudriñadora. En cuanto al primer aspecto, este redactor no recuerda un filme que haya tratado el tema de la maternidad de una manera tan lúgubre y desesperanzadora (quizás desde La semilla del diablo). Aquí, la gestación y concepción materna es contemplada como un motivo de aislamiento y de enfrentamiento con los propios temores internos y como un símbolo lúgubre cercano a un umbral que da acceso a la peor de las pesadillas imaginables: el triunfo de la muerte en un ámbito en el que debería reinar la más luminosa de las esperanzas. Si parte del triunfo del género de horror radica en truncar las expectativas de comodidad y seguridad del espectador, no cabe duda que A l’intérieur es un triunfo en toda regla.
En cuanto al entramado formal del filme, se podría mantener que el filme de Maury y Bustillo es una de las propuestas visuales más asombrosas del cine de terror de reciente. Soberbia en el retrato del horror más virulento, A l’intérieur aúna descaro y elegancia en una sugestiva combinación que sabe cómo extraer la malignidad de las situaciones al límite mediante el uso de una planificación elegante, un soberbio uso de las angulaciones, un dominio absoluto de los tempos de la narración y un sorprendente equilibrio entre la fisicidad y la sugerencia. Además, habría que destacar el excelente trabajo de montaje (firmado por el montador de los filmes de Alexander Aja) que sabe dotar de la cadencia necesaria a un relato que, con una estructura más precipitada, hubiera caído en una mera acumulación de sobresaltos.
Y, por último, me gustaría comentar que la mejor baza del filme radica en su atmósfera onírica y pesadillesca que se aparta de cualquier tipo de narración objetiva y cartesiana, y abraza las soluciones más líricas e irracionales. Existen muchos detalles del filme que apuntan a que todo los narrado en A l’intérieur puede verse como una proyección mental (o casi espiritual) de unos personajes atrapados en la antesala de sus infiernos personales: presencias fantasmales, recuerdos dolorosos, escenarios deshabitados donde no impera la lógica, apuntes sobre la zozobra emocional de los personajes y desconcertantes fugas narrativas, son sólo algunos apuntes que permiten vislumbrar un discurso ominoso que, de forma subrepticia, nos revela que A l’intérieur es una obra que habla más sobre los demonios interiores (como el título ya indica) que sobre las amenazas externas y que prefiere los escenarios contaminados por las percepciones del subconsciente que por las certezas racionales. En definitiva, una obra valiente, sorprendente y más compleja de lo que pueda parecer a priori. Juan Carlos Matilla
De zombis y nerds
American Zombie (Grece Lee, 2007)
Noves visions
Clama el cielo el mal uso que algunos realizadores hacen del falso documental para construir en clave cómica un supuesto panfleto de denuncia social. Aprovechando que el tema zombi da mucho de sí, los programadores del festival han colado este auténtico bodrio más cercano a las pretensiones de Borat que a las de George A. Romero u acólitos. La empanada mental de Grece Lee nos lleva a introducirnos en la vida cotidiana de 'auténticos zombis', es decir, personas que deambulan por la ciudad sin ilusiones, y que a la postre resultan 'nerds' o amas de casa solitarias que, efectivamente, aparecen maquillados –pésimamente maquillados- como sujetos infectados o portadores de cierto grado de putrefacción. En ese extremo cabe decir que la delirante frontera entre ficción y realidad es de dudoso calado creativo y de una meridiana provocación surrealista que, inevitablemente, se transforma en absoluta indiferencia por parte del espectador cabal. La cosa no tiene gracia, los chistes visuales van de lo cafre a lo insulso con desigual acierto y, desde luego, el filme no aporta nada de inteligente, ni de entretenido, ni de debatible. En resumen, esta es una mala película –como poco, barata chifladura- que alguien ha colocado en el festival con muy mal criterio. O el zombi es este sufrido espectador, o lo somos todos en un orden de conciencia que se me escapa, o definitivamente se esconde tras el realizador Grece Lee. El caso es que hay quien le ríe las gracias y, sospecho, corre un virus peligroso que nos convierte en excelentes conductores de mediocridad. Luis Rueda
El arte de copiar mal
Black christmas (Glen Morgan, 2006)
Midnight-X-treme
La fiebre de los 'remakes' de películas más o menos clásicas del cine de terror norteamericano de los años setenta ha alcanzado incluso a una de sus producciones menos conocidas, pero paradójicamente, más fascinantes, dirigida por el malogrado Bob Clark en 1974. Si el filme original, de idéntico título, era un irregular pero vigoroso ejercicio de estilo muy influenciado por el 'giallo' italiano, claro precursor de La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978) no sólo a nivel argumental sino también conceptual y visual, la nueva versión es un refrito intolerable de los tics más manidos tanto del 'slasher' norteamericano de los años ochenta como, más especialmente, del insoportable resurgir del cine de terror adolescente impuesto por filmes como Scream (Id., Wes Craven, 1996) o Sé lo que hicisteis el último verano (I know what you did last summer, Jim Gillespie, 1997). Glen Morgan, responsable poco tiempo atrás de otro 'remake' del género, Willard (Id., 2003), muestra y explicita todo aquello que Clark sólo insinuaba o sugería mediante la puesta en escena, se recrea en la estupidez de las niñas de casa buena protagonistas y yuxtapone asesinato tras asesinato con una falta de rigor encomiable y sin el menor atisbo ya no de ambigüedad sino también de sutileza. La trama transcurre durante una Nochebuena en la residencia universitaria de una especie de fraternidad femenina de tres al cuarto pero, a diferencia del filme original, Morgan abandona sus cuatro paredes cuando le interesa para mostrar las evoluciones de un psicópata perturbado que responde al nombre de Billy, quién años atrás asesinó a sus padres en la misma casa y que ahora se ha fugado del manicomio dónde estaba encerrado; incluso introduce en la trama horribles 'flashbacks' que muestran su desdichada infancia (su padre fue asesinado por su madre y su amante, estuvo encerrado diecisiete años en el desván e incluso fue violado por su madre, que acabaría dando a luz a una niña que era al mismo tiempo su hija y su hermana). Todo muy explícito y muy grotesco, aunque reservado para espectadores con una edad mental inferior a los quince años. Pau Roig
A tortas con la amnesia
Chrysalys (Julián Leclercq, 2007)
Oficial Premiere
Estamos ante una opera prima cargada de buenas intenciones de la que se desprende una trama muy bien elaborada, pero acaso la apuesta por emular un filme de acción 'sci-fi' de la naturaleza de Minority Report ha perjudicado la solidez del conjunto. Este brebaje 'hi-tech' con bouqué conspirativo titulado Chrysalys navega por diferentes aguas y adolece de falta de personalidad. Su factura adrenalítica en contraste con una atmósfera deudora de El salario del miedo llega a saturar al espectador al punto de tener la sensación de estar viendo dos filmes en uno. Resulta francamente interesante todo lo acontecido en esa extraña clínica de lobotomía cuyo proyecto Chrysalis da una nueva oportunidad a aquellos que han perdido un ser querido, pero en cambio toda la trama policial, especialmente centrada en las pesquisas del agente interpretado por Albert Dupontel, nos impregna de una sensación de dejà vú poco grata. Todo indica que alguna voz de mando de la productora se ha declinado por facturar un éxito instantáneo a la manera de El Pacto de los lobos, es decir, en este caso concreto, por preparar un cóctel de ciencia ficción hiperbólica que reviente la taquilla; eso sí, asegurando una buena sesión de aikido que firmaría el mismísimo Steven Seagal. El debutante Julián Leclercq, realizador del cortometraje Tránsit (2004), apunta un discurso personal interesante que en esta ocasión se ve perjudicado por el exceso de un maquinal prurito harboiled. A descacar el excelente diseño de producción de Philippe Moreau, que nos regala un París futurista de lo más creíble. L.R
El ocaso de los superhéroes
Dainniponjin (Hitoshi Matsumoto, 2007)
Oficial Fantàstic
El debut en la dirección del popular cómico japonés Hitoshi Matsmumoto (nacido en 1963) fue el gran olvidado del palmarés de esta edición del Festival de Sitges. Sin tratarse de una película redonda, principalmente a causa de un metraje excesivamente dilatado y un tanto descompensado, Dainniponjin bien puede considerarse como uno de los experimentos –por llamarlo de alguna manera– más radicales y originales propuestos por el cine oriental en bastantes años. Adoptando la forma de un falso documental, Matsumoto retrata a un superhéroe japonés en horas bajas contratado por el Ministerio de Defensa para defender el país del ataque de monstruos gigantes, alternando entrevistas y retazos de su vida cotidiana, poco menos que desastrosa, con escenas de lucha recreadas digitalmente por ordenador y deliberadamente torpes y feístas, que son retransmitidas por la televisión nipona a altas horas de la madrugada ante la indiferencia total de la población. Pese a utilizar un material proclive a todo tipo de excesos y evitando escrupulosamente cualquier tentación histriónica en su espléndida interpretación del protagonista, Matsumoto ha construido un filme más irónico que divertido, con algunas escenas desternillantes pero recorrido en sus mejores momentos por una atmósfera triste e incluso trágica que deja un poso de melancolía en el espectador. Dainniponjin es a la vez un sentido homenaje a las clásicas películas japonesas de monstruos y superhéroes y una nada velada crítica tanto a la superficialidad e infantilismo de muchas de estas propuestas (el desenlace, con la aparición del todo inesperada de una familia de superhéroes de plástico y cartón que parece salida de la peor versión de Ultraman, es de antología) como al desinterés de la población por la magia y la fantasía e incluso por las más genuinas tradiciones ancestrales niponas: el único interés de la representante del superhéroe, por ejemplo, reside en la contratación de vistosos anuncios publicitarios que Dainniponjin lucirá en el pecho y en la espalda durante las luchas, y las recurrentes transformaciones del protagonista en un ser gigantesco gracias a la utilización de energía eléctrica vienen precedidas por un ritual religioso bochornoso por su falta de autenticidad y de sentimiento. P.R.
La venganza de los muñecos
Dead silence (James Wan, 2007)
Oficial Premiere
James Wan (nacido en 1977), responsable de Saw (Id., 2003), uno de los 'thrillers' desgraciadamente más influyentes de los últimos años (en breve se estrenará la cuarta entrega), cambia sorprendentemente de registro con esta historia de terror de factura clásica y de gratas reminiscencias góticas, centrada en la leyenda de una misteriosa ventrílocua ajusticiada años atrás por el asesinato de un niño y que pidió ser enterrada en el cementerio junto con sus 101 muñecos, cada uno en su correspondiente ataúd, no sin antes llevar hasta sus últimas consecuencias su obsesión por construir el muñeco perfecto. Con un desarrollo un tanto irregular, titubeante en algunos momentos, y un desenlace contundente pero demasiado dilatado, Dead silence cuenta no obstante con ideas argumentales poco menos que brillantes (la siniestra canción sobre Mary Shaw, casi una nana, que todos los habitantes de la zona conocen y evitan pronunciar, que ejerce casi de 'leitmotiv' de la trama, el teatro ahora abandonado y ruinoso situado en medio de una tenebrosa ciénaga dónde Mary Shaw vivió sus momentos de mayor éxito tiempo atrás y desde dónde ahora pretende vengarse de los responsables de su muerte). Wan renuncia tanto a las referencias más o menos humorísticas y paródicas como al montaje desenfrenado que caracterizaba su ópera primera para construir un relato pausado e incluso sereno, que tiene sus mayores alicientes en una fascinante atmósfera fantasmagórica e irreal y en la contraposición entre lo real y lo sobrenatural, lo increíble y lo plausible, a veces un tanto forzada, derivada del enfrentamiento constante entre el protagonista (Ryan Kwanten), quién tras el brutal asesinato de su esposa se verá obligado a regresar a su población natal de Raven’s Fair, casi un pueblo fantasma, para remover un oscuro secreto del pasado, y el cínico policía que lo persigue desde la ciudad (Donnie Wahlberg) porque cree que es el responsable del crimen. P.R.
Para adictos a Lovecraft
The Devil's Chair (Adam Mason, 2007)
Muy interesante cinta firmada por el realizador británico Adam Mason (Prey, Broken) que sitúa al espectador en el epicentro de una mente criminal desde dos perspectivas bien diferentes, la primera alude a un mundo onírico de inspiración 'lovecraftiana' donde demonios arquetípicos y un averno laberíntico adquieren especial relevancia y la segunda nos sitúa en una hiperrealista crónica criminal. El protagonista del filme, Nick (Andrew Howard), es un 'presunto' enfermo mental que tras perder a su novia en extrañas circunstancias vuelve al lugar de los hechos acompañado de un grupo de investigadores. El escenario es un antiguo frenopático y el punto exacto de la tragedia está relacionado con una particular silla que permite viajar al interior de la mente del asesino. Excelente y excitante resulta toda la información que se desprende de esa silla inquietante que en un pasado pudo ser la jaula experimental de un mad doctor victoriano con ganas de experimentar con sus cobayas de manicomio.
El filme que a priori puede parecer predecible y tramposo resulta muy convincente en su plasmación de un mundo paralelo que puede evocar a ciertos pasajes de Las aventuras oníricas de Randolph Carter en lo literario y en lo cinematográfico a algunos elementos atmosféricos y discursivos propios del maestro de la nueva carne Clive Barker (Hellraiser): véan esa arquitectura laberíntica en que se convierter el macabro edificio cuando alberga la morada del demonio. Devil's Chair posee pasajes de enorme eficacia y asume un difícil equilibrio entre falso documental esotérico, comedia macabra, slasher y breviario demonológico; ahí es nada.
El filme de Adam Mason, quizás ha pasado algo desapercibido dentro de la natural saturación de títulos del presente Sitges pero, a buen seguro, siempre que tenga una digna distribución, será un filme a tener en cuenta dentro del panorama fantástico: estaríamos ante una auténtica injusticia si se estigmatizara su enorme riesgo formal con una salida directa en el mercado DVD. Aunque… cosas más esperpénticas se han visto. L.R.
Filmando el fin del mundo
Diary of the dead (George A. Romero, 2007)
Oficial Fantàstic
Prácticamente a punto de cumplir los setenta años, George A. Romero regresa al (sub)género que mejor conoce y en el que consiguió los éxitos más grandes de su carrera, el cine de zombies, con una producción modesta, radicalmente independiente y sin actores especialmente conocidos que llega incluso a prescindir de su potencial terrorífico para constituirse en una sangrienta, nunca mejor dicho, sátira social y política. Realizada completamente al margen de la gran industria de Hollywood y planteada abiertamente como una crítica a las políticas de manipulación y de desinformación practicadas por el gobierno republicano de George W. Bush en los últimos años (de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 a la Guerra de Irak), Diary of the dead adopta la estructura de un falso documental construido tanto a partir de las filmaciones que un grupo de jóvenes supervivientes realizan en unos Estados Unidos sumidos en el caos como también a partir de imágenes procedentes de la televisión e Internet (atención a las voces de los locutores de los noticiarios, entre los que se cuentan Quentin Tarantino, Wes Craven y Guillermo del Toro), construyendo un irregular pero incendiario retrato de la hipocresía, el egoísmo y la (a)moralidad de alguna manera inherentes a la propia condición humana. Dotado de una atmósfera apocalíptica de un pesimismo aterrador (la espléndida escena final, por ejemplo), el filme esquiva a veces con más fortuna que otras la desgraciada tendencia panfletaria impuesta por Michael Moore y sus documentales, ejemplificada de alguna manera en la molesta (y prescindible) voz en off de una de las protagonistas (responsable, teóricamente, del montaje de imágenes que los espectadores están viendo). Romero consigue dotar el conjunto de una textura cruda y sucia con la utilización de los mínimos elementos imprescindibles, aunque en esta ocasión rompe deliberadamente la sobriedad e incluso la contención que respira el filme en sus mejores momentos con la introducción, efectiva pero a veces gratuita, de notas de humor negro cercanas a la parodia –los chistes sobre los tics más manidos del cine de terror contemporáneo y el cine de zombies (los protagonistas están rodando un cortometraje de terror cuando conocen la noticia de la plaga de muertos vivientes) o el personaje del granjero amish, por ejemplo– y de guiños autoreferenciales a su propia obra tan simpáticos como innecesarios. P.R.