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especial

publicado el 8 de marzo de 2013

Calientes como un volcán, letales como el acero


Planet Terror

Relegadas a menudo al papel de novias castas o villanas con poca ropa, las mujeres no suelen salir bien paradas en el cine de acción, aventuras y superhéroes. A menudo sus papeles de heroínas son meros pretextos para lucir palmito, como se encargan de recordarnos de la forma más cruda posible en Watchmen con el personaje de Silk Spectres y su madre, que son plenamente conscientes del impacto que provoca su traje en sus compañeros masculinos. Algo que, inexplicablemente, pasan por alto con tremenda inocencia todas las superheroínas anteriores, empezando por Tomb Raider.

Marta Torres | Tuvo que venir Tarantino y darle la vuelta al asunto en Kill Bill, donde Beatrix (Uma Thurman), a quien llaman precisamente, la novia, se toma la justicia por su mano y pone en su lugar a Charlie y a sus ángeles. Un puñetazo contundente a una serie (Los ángeles de Charlie) que pretendía poner a la mujer liberada en su lugar, ergo bajo la tutela de un hombre sabio. Tarantino siguió por el mismo camino en Death Proof (Grindhouse) con un grupo de aguerridas muchachas que se llevan por delante al machismo y lo hacen en su propio terreno: los coches, la violencia y la velocidad. Rompedora es también la interpretación que del tema de la mujer guerrera hace Robert Rodríguez en Planet Terror (también de Grindhouse) donde se salta a la torera los cánones y sustituye la pierna de nuestra heroína por una metralleta en una síntesis perfecta de lo letal que puede ser la belleza y, de paso, homenajea, de forma consciente o no, la pierna ortopédica de una de las protagonistas de Crash de David Cronenberg.

No son los primeros, ni mucho menos, en representar a la mujer en papeles activos y principales. Jacques Tourner filmó un estupendo antecedente con La mujer pirata (Anne of the Indies, 1951) en la que Jean Peters interpretaba a Anne de Providence, que hace el papel de rudo y temido brabucón reservado hasta ahora a los hombres. Podría decirse que Anne empezó el camino que luego seguirían la teniente Ripley en Alien, Alice de Resident Evil, Sara en Terminator o Trinity en Matrix, sin olvidarnos de la estupenda Lisbeth Salander en Los Hombres que no amaban a las mujeres, la antagonista perfecta a la heroína clásica con curvas y poca ropa.

Sin embargo, la verdadera precursora del feminismo popular nació de las páginas de un cómic. La Mujer Maravilla, o Wonder Woman, fue creada por William Moulton Marston en la Segunda Guerra Mundial para alentar a los mujeres a reemplazar en la vida pública a los hombres enviados a la guerra. La heroína fue creada de la arcilla, sin intervención masculina, y tomó su nombre, Diana, de la diosa cazadora de la mitología griega y romana. Creció como una amazona hasta que decidió escabullirse para ayudar a los hombres en su lucha contra el nazismo. Su discurso se apagó justo cuando terminó la guerra, en 1947, y el comic se convirtió en soso y romántico. Incluso se la acusó de fomentar el lesbianismo en Seduction of the innocent (1954), el polémico libro del psiquiatra Fredric Wertham en contra de los comics.


Lynda Carter como Wonder Woman

Tuvieron que pasar 20 años para que el personaje resurgiera en todo su esplendor, fue la portada del primer número de la revista feminista Ms. Magazine y empezó una serie en televisión protagonizada por Lynda Carter. En la misma línea de heroínas catódicas brillaron también Lindsay Wagner (La mujer biónica) y la irrepetible Diana Rigg en la serie británica Los vengadores. Ahora solo falta que a alguien de Hollywood se le ocurra llevar por primera vez al personaje a la pantalla grande, algo que parece que va dando vueltas por los despachos de Los Ángeles y DC Cómics, pero que no termina nunca de concretarse.


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