publicado el 12 de febrero de 2006
Luis Rueda / Marta Torres | Los aficionados al cine asiático tuvieron una cita a principios del mes de febrero en la localidad de Mollet del Vallès (Barcelona) con Hannya 2006, la tercera muestra organizada por el colectivo Hannya Cinema Group y el Ayuntamiento de esta localidad. De la edición de este año destacó en primer lugar la elevada participación, que congregó a más de 900 personas en la sala del antiguo Mercat Vell de la ciudad. Además, habría que señalar la excelente calidad de los títulos prgramados que se caracterizan por no no tener distribución en nuestro país por lo que el festival se convirtió en una buena excusa para ver títulos difíciles de poder ver en las salas comerciales de nuestro país. Desde Judex, felicitamos a los responsables de la muestra por su valiente propuesta y desde aquí invitamos a nuestros lectores a que no se pierdan las próximas ediciones de un festival que garantiza la calidad fílmica y la amplitud de miras. Un acontecimiento cinematográfico que desaemos tenga una (necesaria) continuidad.
A continuación, os ofrecemos una crónica de las películas proyectadas en el certamen, en la que encontraréis resúmenes de los títulos más destacados y reseñas amplias de las cintas de género fantástico que pudimos ver en la muestra. Además podréis leer en la sección de entrevistas, la conversación que mantuvimos con uno de los responsables del festival. Como siempre, esperamos que este especial sea de vuestro agrado.
Josee, the Tiger and the Fish. El tigre y la sirena
Josee, the Tiger and the Fish no es un filme cuyo máximo propósito sea denunciar las barreras físicas del amor o conducirnos hacia los cenagosos esquemas de un cine de “comprometido” discurso social, ni tan siquiera es un melodrama donde la idea del desamor campe como una vespertina borrasca. El filme del director japonés Ishin Inudo es una fábula pletórica de magia, un cuento contémporáneo que habla de los miedos colectivos e individuales y en el que no faltan una bruja, una sirena, un tigre, un pez.
Josee (Chizuru Ikewaki), una chica minusválida que vive encerrada junto a su abuela y sólo sale a pasear escondida en un cochecito de bebé aferrada a un cuchillo de cocina, tiene un encuentro accidental con Tsuneo (Satoshi Tsumabuki), joven crupier de noble corazón. Ese es el punto de partida del filme de Ishin Inudo, un relato que subraya el aprendizaje a través del mundo de los signos, las palábras y las cábalas como escombros de un naufragio sentimental. El amor, en el filme, se nos muestra con una disección (pormenorizada plano a plano) del egoismo anímico de sus protagonistas, pues si Tsuneo busca una inocencia casi primigenia en la chica, ella busca una via de escape que le abra las puertas al mundo. A destacar la importancia simbólica en el relato de la figura de la abuela, personaje castrador inspirado en la tradición de la mamagon (madre dragón). La relación de los jóvenes, pormenorizada en las secuencias en que Tsuneo trae comida a la anciana y su nieta, funciona en la medida en que la fantasía pervive, pero cuando esta se escinde, la lujosa carroza, que ambos (Josee y Tsuneo) han diseñado a la medida de sus deseos, vuelve a convertirse en un oxidado cochecito de bebé.
Ishin Inudo comienza su relato mostrándonos un itinerario fotográfico con la mirada a ras de tierra, su historia de amor se escinde y apenas toma forma en objetos encontrados al azar. Ese puzzle de objetos es el elíptico punto de partida de la historia de Josee y Tsuneo, los restos de un naufragio que acaba en el mar, con la vuelta de la chica sin piernas a su abisal mundo interior. El itinerario del filme es la mirada inocente de Josee descubriendo el mundo en brazos de su amante y la de este último acercándose al auténtico valor de las pequeñas cosas, y ese meticuloso recorrido, lejos de caer en los excesos del melodrama al uso, es tan magníficamente cauto y comedido que lleva a estremecer al espectador. No hay un solo aspaviento de frivolidad argumental en el filme, cada paso en su estructura (impecable) es un derroche de magia e inteligencia.
Josee the Tiger and the Fish, nunca explota la autocompasión del impedido, ni busca la impiedad argumental, caso de, por ejemplo, La heredera de William Wyler, su discurso es mucho más elemental y su poética responde a unos parámetros indisimuladamente cocteuianos. Con el filme de Shoei Imamura La mujer insecto planeando de fondo y una reflexión sobre el diferente bastante cercana a La parada de los monstruos (Freaks, 1932) de Tod Brownig (¿acaso Josee no asume su discapacidad con determinación?), Ishin Inudo nos denuncia el infierno y el ostracismo al que ha sido relegada la chica durante años, pero es en el buceo de esa oscuridad inhumana donde el director teje lo mejor de su discurso: baste analizar los primeros encuentros de Josee y Tsuneo para calibrar lo profuso de la mirada del realizador, la densidad de los silencios y el trabajo gestual de los actores encierran un diálogo primordial que cala en el espectador con el cosquilleo de un susurro.
Josee deja de ser un objeto fascinate a medida que agudiza su carnalidad, para su joven compañero el misterio que hay tras la incomunicación y la sombra se resquebraja y ella se convierte en una mujer común de la que puede despedirse sin remordimientos: la lástima desaparece y en su lugar surge una relación menos enfermiza (y más frágil).
El extraordinario filme de Ishin Inudo, pendiente de distribución en nuestro país, ha obtenido varios galardones en el Asian Film Festival de San Diego y en el Puchon International Fantastic Film Festival. Estamos ante un reserva que pide a gritos ser descorchado, un melodrama sobrio, elegante y, a su vez, trufado de realismo mágico. Josee, the Tiger and the Fish se sitúa en un territorio fantástico próximo al de Big Fish, y pese a mostrar un trabajo de dramatización similar al empleado por Elia Kazan a lo largo de su filmografía no podemos obviar que la miscelánea de su composición es heredera directa del 'merodorama' (melodrama) clásico japonés.
Mind Game. Flipar en colores
Maasaki Yuasa, creador del televisivo Shing Xang, es un laboratorio de ideas de proporciones incendiarias, un auténtico revolucionario conceptual del anime. Mind Game (2004), su radical e inabarcable primer largometraje, debe considerarse desde estos instantes la obra de referencia para aquellos que se acerquen al (últimamente) estereotipado mundo de la animación cinematográfica. El fime de Yuasa es un híbrido marcadamente iconoclasta, cuyos referentes inmediatos pasan por la factoría Disney (especialmente sus más delirantes fimes: Pinocho y Dumbo) y el surrealismo pop de los filmes que en su día realizó Richard Lester al servicio de The Beatles.
Con un arranque marcadamente tarantiniano, de amplios contrastes cromáticos y cierto espresionismo “noir”, Yuasa despliega la historia-odisea de Nishi, un joven creador de cómics que tras un incidente con unos gansters vuelve de la muerte convertido en héroe (a la manera de El cuervo, de Alex Proyas). Nishi se embarca en una delirante historia junto a la joven Myon en la que no faltan persecuciones, ballenas gigantescas y animales abisales por citar un ejemplo de la fauna que acompaña a los protagonistas. La potencia visual, abrasiva, de Mind Game en ocasiones roza lo febril y su intuitivo montaje, que imita la percepción de la mente con una azarosa insania, sitúa al espectador en los ominosos terrenos de la psicodélia farmacológica. Mind Game es un mal viaje retratado en toda su proporción, si hasta hoy habíamos tenido espúreos ejemplos como el caso de la secuencia de la borrachera de Dumbo (y su simpar coreografía de elefentes mutanes) o en la totalidad escénica de Alicia en el país de las maravillas, con el filme de Yuasa el espectador irá un paso más allá.
Otro aspecto interesante de Mind Game es el trazo de sus dibujos, un trabajo que fluctúa entre el feísmo, el manga y la experimentación (sus personjes en ocasiones adoptan rostros de personas reales) sometiendo la concepción artística a giros estéticos diversos y repetitivos. La saturación sobredimensionada y la estilización constante del dibujo obedece a una suerte de loop visual que provoca que, a medida que el filme avanza, la retina del espectador las asimile con mayor naturalidad.
Maasaki Yuasa tritura todas las tendencias en su particular batidora conceptual: el esnobismo publicitario televisivo, la calidez conceptual de Hayao Miyazaki, la hueca infografía de los postreros blockbusters hollywoodienses, el pulp desangelado de filmes como Sin City (2004) de Robert Rodríguez y un largo etcétera. Todo ello está tamizado por un histrionismo desenfadado y amplias dosis de sarcasmo.
En el filme, Yuasa, también se atreve con Dios en uno de sus pasajes más inspirados. El Todopoderoso, que en un principio se nos presenta como un ente abstracto a medio camino entre el Hall de 2001. Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick y una conspirativa entidad inspirada en Matrix, de los hermanos Wachowski, pronto se transforma en un simpático “payaso mutante” que puede adoptar la forma de una tigre o la de una suerte de Cobi con tendencia al travestismo (ni Dalí hubiera tenido tanto arrojo).
Es evidente que Mind Game supone un punto y aparte en el mundo del anime, una revolución conceptual de primer orden que condensa en 101 minutos los hallazgos que un creador al uso debería transmitir a lo largo de toda una obra. Que se pongan las pilas sus compatriotas Satoshi Kon y Katsuhiro Otomo, sus felices aciertos parecen quedar a años luz de esta orgiástica cinta.
Sección oficial
Al margen de los títulos reseñados, la sección oficial ofreció un amplio muestrario de las últimas tendencias del cine oriental y comenzó su particular itinerario con el filme chino Electric Shadows.
Electric Shadows (2004), película ganadora de la muestra, es la ópera prima de una de las pocas mujeres realizadoras que ha dado la indústria cinematográfica China, Xiao Jiang. El filme definido por la crítica internacional como el Cinema Paradiso oriental, comparte con el filme de Giuseppe Tornatore su declaración de amor al cine de posguerra, en este caso la vida entre rollos y proyectores de la joven Ling Ling, se da en el marco histórico de la China comunista, y rural, de la década de 1970. El filme, que se estrenará en nuestras pantallas el 7 de abril, es una reflexión nostálgica sobre la necesidad de la ficción en tiempos convulsos.
![]() |
Electric Shadows |
Chased by dreams (2004), de producción hindú, dirigida y escrita por Buddhadeb Dasgupta comparte idéntica fijación por el mundo del cine dentro del cine, y si antes citábamos el filme de Tornatore ahora podríamos desviar nuestra atención hacia la obra de los hermanos Taviani, especialmente hacia Good Morning Babilonia. Chased by dreams es un relato de sueños perdidos y anhelos encontrados en el que tres personajes, dos proyecccionistas del gobierno y una chica embarazada, recorren las polvorientas carreteras de la India en un viaje sin retorno posible. El filme, plagado de pequeñas historias y sorprendentes personajes, ofrece una poética visual plagada de maravillosos instantes. Dasgupta, también escritor y poeta, se muestra en este filme como un auténtico maestro del encuadre y un exquisito fabulador a través del poder de la imagen. Secuencias como la de la horda de borrachos atravesando la campiña bajo la luz de la luna, o las proyecciones fantasmagóricas al aire libre, son sólo algunos ejemplos de la magia compositiva del director bengalí, un creador capaz de bocetear una pantalla en la inmensidad de la noche con la precisión de campo de una esquinada puerta. La labor del realizador fue reconocida con el Golden Lotus Award de los National Film Awards en su país natal en el año 2005.
The President´s Last Bang (2005), del surcoreano Im Sang-soo, no es un filme tan estimable como a priori podría extraerse de la polémica que que ha suscitado en su país de origen. A medio camino entre el thriller político y el cine de acción de Hong Kong, The President´s Last Bang aborda el intento de asesinato del presidente dictatorial Park Chung Hee por parte del responsable de inteligencia de su propio gobierno, Kim Jae Gyu, y un grupo de agentes afines. El filme expone con un rigor casi depalmiano los preámbulos del golpe, y es en esos momentos de esforzada coreografía cuando más interés genera, por desgracia, el empeño del realizador de salpimentar su fresco histórico con notas de humor grueso que malogran los aciertos iniciales y provocan que el thriller derive hacia un territorio errático.
Las explosiones de violencia, de una plasticidad innegable y el retrato global de la decadencia política del sistema son algunos de los puntos fuertes de The President´s Last Bang, en la balanza negativa hallamos la forzada dicotomía entre lo paródico y lo grave, una mixtura genérica mal remendada a pesar de sus espúreos destellos cinéfagos. Otras obras de interés en la carrera como director de Im Sang-soo son Girls night out (1998) y Tears (2000).
Peacock (2005), del realizador chino Gu Chagwei, es un filme ambicioso, de una honestidad fuera de dudas y una puesta en escena meritoria, pero sin embargo, notablemente perjudicado por su coral dispersión y por la desmesura titánica del relato. La determinación de Gu Chagwei por retratar hasta el último detalle de la vida de tres hermanos en la China rural de la década de 1970 está enormemente lastrada por la ambición narrativa y ello conlleva que la eficacia a la hora de empatizar con el espectador se resienta. Si bien la historia de Weihong, la muchacha que sueña con ser paracaidista, se muestra como una de las más apetitosas del filme (y de hecho es un precioso punto de partida), no ocurre igual con las historias de sus hermanos, de un interés mucho más discutible y unos planteamientos narrativos abocados al esencialismo y poco dados a la poética visual. Peacock, recupera el vuelo en su interesantísimo tramo final, aquel que amarra los principales cabos narrativos y nos muestra a sus protagonistas francamente transformados, adultos, sin embargo esa evolución de los personajes no está tan bien desarrollada en el nudo del filme. Con todo, el retrato histórico es exquisito y las lineas argumentales secundarias del filme realizan una función de refuerzo meritoria. Lo mejor que se puede decir de Peacock, es que podemos encontrar en ella un ramillete de pequeñas historias que siempre van a captar nuestra atención. El filme de Gu Chagwei ha sido premiado con el Oso de Plata al gran premio del jurado en la 55 edición de el Festival de Berlín.
![]() |
Peacock |
Diametralmente opuesta es la concepción fílmica de Brothers (2005), película dirigida por el taiwanés Zeng Nianping. El filme de Nianping, rodado integramente en formato digital, aborda las cuitas emocionales de dos hermanos completamente distintos mediante un tono de melodrama ligero que recuerda mucho al de los seriales televisivos. La catártica aproximación a los personajes (convenientemente exagerada) contrasta con la sobriedad y el intimismo que trasmite el filme. Estamos ante un sofisticado culebrón que resucita una tradición catódica necesaria y que da en pantalla a las mil maravillas (incluso intuimos la sombra de productos como Hombre rico, hombre pobre en la cinta). La historia de Wenzi y Liangzi se desarrolla en unos espléndidos 110 minutos que aprovechan hasta el último fotograma para cautivar al espectador. Brothers demuestra que las historias sencillas, explicadas de un modo simple también funcionan y que el listón autoral no siempre debe colocarse tan alto. La reivindicación de la telenovela hecha cine es la gran baza de zeng Nianping en este atractivo filme.
Àsia en curt
En la sección Àsia en curt un cortometraje ha lucido por encima del resto con gran diferencia, me refiero a la pequeña obra maestra del surcoreano Kim Seong-sook, Sara Jeanne (2005), que retrata el último día de vida de una vieja prostituta que trabaja cerca de una base militar norteamericana en Corea, con una estremecedora sensibilidad. Todo es redondo en esta soberbia producción: fotografía, estructura, actores, todo está al servicio una historia que cosquillea en nuestra cabeza como un resuello. Esta delicada pieza, plena de secuencias de una plasticidad brillante, esconde un tremendo cineasta, clásico en su manera de concebir la estructura del filme y básico a la hora de hacer fluir las emociones.
No tan interesantes se mostraron las propuestas del taiwanés Wi Ding Ho, con Respire (2005), videoclipera reflexión sobre un futuro contaminado en la que prevalecen los valores humanos con una propensión al videomontaje de sesgo impostadamente soft, o Iranian Conserve (2003) del iraní Mohammad Shirvani, pretenciosa vuelta de tuerca al tema de la claustrofobia en los ascensores.
The Magical Washmachine (2004) parece una incursión en el universo de Lewis Carroll a través de una lavadora mágica. En el filme, el taiwanés Yun Chan Lee coquetea con los recursos de la publicidad televisiva para componer una coreografía de lo más kitsch y colorista. A la sazón resulta tan efectiva como mágica.
Por último, y desde Corea del Sur, nos llega la propuesta de el director de Old Boy, Park Chan-Wook, titulada Nepal (2003). El filme narra la historia de Chandra Gurung, una mujer nepalí que por error es tomada por una enferma mental y pasa seis años en un centro psiquiátrico. Con un formato de falso documental, Park Chan-Wook conforma un alegato antiracista y retrata las diferencias entre la civilización surcoreana y la rural Nepal, todo ello es mostrado manteniendo un tono agridulce del que se desprende cierto toque surrealista y una eficaz capacidad didáctica. Como poco resulta una interesante rareza en la filmografía del laureado director surcoreano.